Tutankamón y la maldición de la momia.

IMPRECACIÓN FRAGUADA

Imprecación:
  Expresión exclamativa que evidencia el deseo de que a alguien le suceda algo malo.

Fraguar:
Idear o promover la realización de una cosa.

 

La historia comienza el día 4 de noviembre de 1922 en el conocido como valle de los Reyes ubicado cerca de Luxor en Egipto.

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Ese día se encontró el primer escalón de una escalera llena de escombros.

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Se sacó todo el escombro y quedaron 16 peldaños al descubierto, al final de la escalera se encontraba una puerta.

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Era la puerta de entrada a la tumba del Rey Tutankamón.

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El 26 de noviembre de 1922, el explorador Howard Carter usando un cincel que su abuela le había regalado para su 17 ° cumpleaños hizo una pequeña abertura en la esquina superior izquierda de la puerta de entrada y pudo mirar a la luz de una vela el interior, estaba acompañado de Lord Carnarvon y su hija Lady Evelyn Herbert así como del secretario personal de Lord Carnarvon, el capitán Richard Bethell.

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Pudo ver el destello de oro y debido a que se quedó absorto contemplándolo,  desesperado Lord Carnarvon preguntó:

“¿Puedes ver algo?”

Howard Carter respondió con las famosas palabras:

“¡Sí, cosas maravillosas!”.

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Después de vaciar los objetos que contenía esa recamara, llegaron a la pared final de la cámara funeraria sellada del niño faraón, estaba resguardada por dos figuras de tamaño completo del Rey Tutankamón.

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Detrás de esa puerta estaba el sarcófago del Rey Tutankamón que fue abierto por primera vez en 3.000 años el día 17 de febrero de 1923, a Howard Carter no le importó la terrible advertencia escrita hace siglos para protegerse de los ladrones de tumbas, en los antiguos jeroglíficos sobre sus cabezas, decía:

`La muerte llegará a quienes perturben el sueño de los faraones ‘.

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Y sin nadie saberlo, se inició la maldición del faraón.

Howard Carter tenía un canario como mascota en el sitio de la excavación, un día después de haber abierto la tumba, el canario fue devorado por una cobra.

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La serpiente o uraeus es el emblema de la corona del faraón, todos lo consideraron un mal presagio.

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La Maldición del Faraón cayó primeramente sobre Lord Carnarvon y luego sobre todos los excavadores.

Llegó el día 5 de abril de 1923, apenas 47 días después de haber interrumpido el descanso del Rey Tutankamón y entonces sucedió lo impensable, Lord Carnarvon, de 57 años, murió en agonía,  víctima, al parecer, de una picadura de mosquito infectada.

El 17 de marzo se dio a conocer que una grave infección le había atacado la garganta, el oído interno y el pulmón derecho, para el 27 de marzo se convirtió en neumonía en ambos pulmones, tras sufrir una terrible agonía plagada de dolores horrendos y deformaciones física, incluida la caída de todos los dientes, murió.

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No solamente sucedió eso, sino que en el momento de su muerte las luces se apagaron al unísono y se mantuvieron apagadas unos minutos  en el Hotel Continental, ubicado en el Cairo y en el cual se hospedaba en sus continuos viajes Lord Carnarvon

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También en el momento de su muerte, pero a miles de millas de distancia en Inglaterra, en la casa de campo de Lord Carnarvon, su perro Fox Terrier de nombre Susan comenzó a aullar y aullar, un espeluznante lamento antinatural que conmocionó al personal doméstico en el medio de la noche, los aullidos continuaron hasta un último gemido, cuando la atormentada criatura se dio vuelta y murió.

Ya Lord Carnarvon había sido advertido por el místico del momento, el conde Hamon, que le sugirió no entrar en la tumba ya que sufriría una enfermedad de la que no se iba a recuperar por lo que la muerte lo iba a reclamar en Egipto.

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Dos días después de la muerte de Lord Carnarvon, se examinó el cuerpo momificado del faraón y se encontró una mancha en su mejilla izquierda exactamente en la posición de la picadura del mosquito en la cara de Lord Carnarvon.

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Todos pensaron que era una coincidencia pero con el paso del tiempo empezaron a suceder una extraña cadena de muertes que confirmó que la maldición del Faraón era real.

La evidencia aumentaba al mismo ritmo que lo hacían las muertes ocasionadas por la maldición del faraón.

Un amigo cercano de Lord Carnarvon de nombre George Jay Gould I, viajó a Egipto para morir un día después de haber estado en la tumba, estando en la Riviera Francesa el día 16 de mayo de 1923 colapsó con fiebre alta; doce horas después estaba muerto.

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El principe Ali Kamel Fahmy Bey fue asesinado por su esposa el 10 de julio de 1923, unos días después de haber visitado la tumba.

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El 26 de Septiembre de 1923 muere el hermanastro de Lord Carnarvon  de nombre Aubrey Herbert murió de una intoxicación sanguínea relacionada con un procedimiento dental destinado a restaurar su vista al regresar a Londres lleno de entusiasmo después de visitar la tumba del Rey Tutankamón.

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El radiólogo Sir Archibald Douglas Reid, un hombre que utilizó las últimas técnicas de rayos X para determinar la edad y la posible causa de muerte del Rey Tutankamón, fue enviado de regreso a Inglaterra después de quejarse de agotamiento, murió poco después de aterrizar el 15 de enero de 1924.

Sir Lee Stack, Gobernador de Sudan, una de las primeras personas en visitar la tumba, murió el 19 de noviembre de 1924 después de recibir un disparo mientras conducía por el Cairo.

Woolf Joel, un destacado industrial británico de la época, visitó el sitio y murió unos meses después de una fiebre que los médicos no pudieron comprender.

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En 1925, el antropólogo Henry Field, dijo que un pisapapeles que le dio Howard Carter a Sir Bruce Ingham, tenía la figura de una mano momificada con su muñeca adornada con un brazalete de escarabajo en el que se leía:

“Maldito sea el que mueva mi cuerpo. A él vendrán fuego, agua y pestilencia “.

Poco después de recibir el regalo, la casa de Sir Bruce Ingram se quemó, seguida por una inundación cuando fue reconstruida.

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Aunque Howard Carter era completamente escéptico de tales maldiciones, en su diario relato un suceso extraño sucedido en mayo de 1926, vio chacales del mismo tipo que Anubis, el guardián de los muertos, por primera vez en más de treinta y cinco años de trabajo en el desierto.

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Arthur Cruttenden Mace uno de los ayudantes principales de la expedición, entró en coma en el Hotel Continental después de quejarse de cansancio, murió el 6 de abril de 1928, después sin conocerse las causas.

 Fue el hombre que, con una barra de hierro, rompió los últimos pedazos del sello del Rey Tutankamón que separaba la Cámara Real al mundo exterior y que tenía más de 3 mil años intacto.

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El secretario personal de Lord Carnarvon, el capitán Richard Bethell, la segunda persona en penetrar la tumba atrás de Howard Carter fue encontrado muerto en cama el 15 de noviembre de 1929.

Otro medio hermano de Lord Carnarvon el Hon Mervyn Herbert, también murió en 1929 de neumonía palúdica.

El padre de Lord Carnarvon el 3er Barón Westbury Richard Luttrell Pilkington Bethell, murió el día 21 de febrero de 1930 cuando supuestamente se tiró desde su apartamento del séptimo piso donde se guardaban los tesoros de la tumba.

Debido a la maldición del faraón a cinco años del descubrimiento de la tumba 12 personas de los 20 presentes cuando se abrió la tumba estaban muertos.

En siete años más, solo dos integrantes del equipo original de excavadoras todavía estaban vivos.

Se sabe que solamente uno de los presentes al momento en que se abrió la tumba del rey Tutankamón vivió hasta una edad madura.

Su nombre era Richard Adamson quien el día en que expresó que no creía que la maldición del faraón existiera, perdió a su esposa dentro de las 24 horas de hablar en contra de la maldición, cuando tiempo después volvió a negar la maldición su hijo se rompió la espalda en un accidente aéreo, sin creer que lo anterior fue a causa de la maldición, tuvo una entrevista en la televisión británica, en la que volvió a reiterar que no creía en la maldición y en esa misma noche, cuando salía de los estudios de televisión, fue atropellado por taxi y un camión pasó a centímetros de su cabeza.

Fue solo entonces que Richard Adamson, que entonces tenía 70 años, se vio obligado a admitir:

“Hasta ahora me negaba a creer que las desgracias de mi familia tuvieran algo que ver con la maldición del faraón.

Sabemos que todos los hechos anteriores no pueden ser coincidencia o casualidades, no van de acuerdo con las estadísticas.

Después de los hechos anteriores, muchos aseguraban que todo era una leyenda y otros seguían asegurando que la maldición  del faraón siempre estaría activa.

Pronto se supo que la maldición del faraón seguía vigente cuando se empezó a platicar de que los tesoros del Rey Tutankamón, incluida su mascara mortuoria,  serían exhibidos en varios Países del mundo.

Mohammed Ibrahim, el director de antigüedades de Egipto, en 1966 discutió con el gobierno en contra de dejar que los tesoros de la tumba salieran de Egipto para una exhibición en París y que después se hizo mundial.

Dijo que había tenido pesadillas muy pesadas sobre lo que le iba a pasar en caso de que la salida de los tesoros de Egipto, se decidió que las reliquias iban a ser exhibidas mundialmente, Mohammed Ibrahim salió de la reunión y en un camino despejado con el sol brillando en todo lo alto, fue atropellado por un automóvil y murió instantáneamente.

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Quizás la manifestación más asombrosa de que la maldición del faraón seguía activa llegó en 1972, cuando los tesoros de la tumba fueron transportados a Londres para una prestigiosa exposición en el Museo Británico que atrajo a multitudes.

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La siguiente victima de la maldición del faraón el Dr. Gamal Mehrez, sucesor de Mohammed Ibrahim en El Cairo como director de antigüedades, se burló de la leyenda al decir que todo había sido pura coincidencia:

“Fíjese en mí, toda la vida he estado trabajando con tumbas y momias. Seguramente soy la mejor prueba de que todo son coincidencias”.

Murió la noche después de supervisar el embalaje de las reliquias para el transporte a Londres por un avión de la Royal Air Force, el día 4 de febrero de 1972.

Los miembros de la tripulación de ese avión también sufrieron la maldición del faraón, por ejemplo, el teniente de vuelo Rick Laurie murió en 1976 de un ataque al corazón y su esposa declaró:

`Es la maldición de Tutankamón: la maldición lo ha matado ‘.

Ken Parkinson, un ingeniero de vuelo sufrió un ataque cardíaco cada año al mismo tiempo que el vuelo a bordo del avión Britannia que llevó los tesoros a Inglaterra hasta su muerte definitiva en 1978.

Durante el vuelo, el Oficial Técnico Jefe Ian Lansdown pateó la caja que contenía la máscara de muerte del rey niño y bromeó al decir:

`Acabo de patear la cosa más cara del mundo¨

Más tarde, al desembarcar del avión en otra misión, una escalera misteriosamente se rompió debajo de él y la pierna con la que había pateado la caja estaba muy rota, seis meses duró sin caminar.

El teniente de vuelo Jim Webb, que estaba a bordo del avión, perdió todo lo que poseía después de que un incendio devastara su casa.

El ayudante Brian Rounsfall, confesó haber jugado cartas en el sarcófago del Rey  Tutankamón en el vuelo a casa y sufrió dos ataques al corazón.

La mascara mortuoria del rey Tutankamón fue regresada a Egipto.

Desde esa fecha jamás a abandonado Egipto.

Ya nadie solicita una exhibición fuera de Egipto de los tesoros y la mascara mortuoria del Rey Tutankamón, pues todos temen a la maldición del faraón.

Una maldición que permite al faraón vengarse de sus profanadores.

Pero …….

La maldición del faraón no se originó con el descubrimiento de la tumba del Rey  Tutankamón

Ni siquiera se llamaba maldición del faraón.

Era conocida como la maldición de la momia.

Y todo es ciencia ficción.

Todo inicia con el libro The Mummy !: Or a Tale of the Twenty-Second Century ( la momia o un cuento del siglo XXII)  escrita en el año 1827 por Jane Wells Webb de Loudon.

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El libro cuenta que la momia egipcia de Keops, constructor de la gran pirámide, vuelve a la vida en el año 2126.

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Dos años antes había sido publicado el libro ¨The Fruits of Enterprise” que se encuentra basado en las experiencias del explorador Giovanni Battista Belzoni, quien con sus más de dos metros, se dice que usaba las momias como antorchas cuando exploraba las pirámides.

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Las experiencias de Giovanni Battista Belzoni fueron la base para que saliera a la luz en 1828 un libro para niños también llamado “The Fruits of Enterprise” que contaba de momias que los exploradores usaban como antorchas para explorar una misteriosa pirámide egipcia y que después se vengaban por los daños sufridos.

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En 1862 se imprimió la novela The Mummy’s Soul de autor Anónimo

En 1868 salió a la luz el libro Después de tres mil años de Jane G. Austin.

Fue en 1869 cuando Louisa May Alcott, escribió un cuento llamado “Lost in a Pyramid: The Mummy’s Curse” lo que ocasionó que el pensar en la existencia de la maldición de la momia fuera algo real.

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En el cuento un explorador usa nuevamente una momia como antorcha para iluminar el interior de una pirámide donde descubre algunas semillas que se lleva de vuelta a América, su novia decide plantar las semillas y crecen una flores que en su boda, hay que darle un poco de romanticismo a la historia, ella deja caer una de las flores e inhala su aroma, enviándola a un estado de coma mientras se convierte en una momia viviente. 

Durante los siguientes 30 años la historia sobre la maldición de las momias fue tema de varios libros.

Entonces la maldición de las momias  se transformó en la maldición del faraón al empezar a ser relacionada con el Rey Tutankamón.

Todo empezó de la siguiente manera.

Lord Carnirvor se encontraba enfermo y antes de su muerte, la novelista Marie Correlli se refirió a una superstición árabe en una carta a la prensa que decía:

No puedo evitar pensar que se corren algunos riesgos al irrumpir en el último reposo de un rey en Egipto cuya tumba está guardada especialmente y solemnemente, y robarle sus posesiones.

De acuerdo con un libro raro que poseo …” La historia egipcia de las Pirámides “[un antiguo texto árabe], el castigo más terrible sigue a cualquier intruso salido en una tumba sellada.

El libro … nombra venenos secretos encerrados en cajas de tal manera que aquellos que los tocan no sabrán cómo llegan a sufrir “. Es por eso que pregunto: ¿fue una picadura de mosquito lo que ha infectado tan gravemente a Lord Carnarvon?

Cuando Lord Carnarvon murió, a muchos les pareció que se había demostrado que se había aplicado la maldición del faraón.

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Sir Arthur Conan Doyle (creador de Sherlock Holmes) anunció que estaba convencido de que Lord Carnarvon había sido asesinado por la maldición del faraón.

 Sugirió que la muerte de Lord Carnarvon había sido causada por los elementales creados por los sacerdotes del Rey Tutankhamon para proteger la tumba real.

Sus declaraciones impulsaron el interés de los medios y la prensa comenzó a publicar la especulación salvaje como un hecho.

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Poco después Arthur Weigall informó que seis semanas antes de la muerte de Lord Carnarvon, había visto al conde riendo y bromeando mientras entraba en la tumba del Rey y le dijo al periodista HV Morton :

“Le doy seis semanas de vida

Esas afirmaciones tuvieron eco en los periódicos de todo el mundo ansiosos de publicar las noticias relacionadas con el Rey Tutankamón.

Lo anterior debido a una razón.

Después de anunciarse el descubrimiento, empezaron a llegar multitudes con el fin de visitar la pequeña tumba del Rey Tutankamón y ver los objetos a medida que eran retirados.

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Con el fin de mantener a la prensa y al público lejos de la tumba del Rey Tutankamón mientras era despejada, Lord Carnarvor hizo un trato exclusivo con The Times para permitirles acceso e imágenes.

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Esto enfureció a muchos otros periodistas, que se dispusieron a publicar artículos que decían que la tumba estaba maldita o cualquier historia que involucrara al Rey Tutanlamón.

Aunque no tenían acceso oficial a la tumba o a los trabajadores, un periódico imprimió la siguiente maldición supuestamente escrita en jeroglíficos junto a la entrada de la tumba del Rey Tutanlamón:

“Los que entren en esta tumba sagrada serán rápidamente visitados por alas de la muerte”.

Sin embargo, no hay registro de esta frase en ningún lugar del informe sobre la tumba de Rey Tutankamón y no existe razón para que los egiptólogos quieran ocultar la maldición del faraón, la inscripción tampoco se pudo haber desvanecido misteriosamente sin que nadie lo notara.

En otro caso, un periodista simplemente tomó la inscripción escrita en una estatua de Anubis en la que se puede leer lo siguiente :

“Soy yo quien impide que la arena ahoga la cámara secreta. Estoy a favor de la protección del difunto”.

Y el periodista expandió esa inscripción real para crear una maldición de faraón al agregar el siguiente texto.

“Y mataré a todos los que crucen este umbral en los recintos sagrados del Rey Real que vive para siempre”.

No hay evidencia de que el texto anterior haya sido escrito alguna vez y el texto no aparece en ninguna de las estatuas de Anubis dentro de la tumba del Rey Tutankamón.

Un invento.

El 29 de agosto de 1980, Richard Adamson, quien pasó siete años durmiendo dentro de la tumba para proteger los tesoros sin abandonar nunca su puesto, comentó que los arqueólogos no habían hecho nada para evitar que la historia se publicitara, ya que significaba menos perturbaciones para ellos en su trabajo.

Nunca hubo tal maldición del faraón.

Con respecto a las muertes sucedidas a partir de la que la tumba del Rey Tutankamón fue abierta, también fueron fomentadas por la prensa y hasta extra dimensionadas a fin poder publicar una historia entretenida respecto a la maldición del faraón.

Hay que recordar que la exclusiva era para The News.

Para hacer espectacular la noticia de que existía la maldición del faraón, la prensa no informó que antes de su muerte, Lord Carnarvon tuvo varias enfermedades durante casi 20 años antes de su muerte y se encontraba en Egipto reponiéndose de su salud que era delicada.

La causa de muerte fue la siguiente:

Una erisipela provocada por la picadura de un mosquito, que desembocó en septicemia y neumonia.

La penicilina no había sido inventada.

Con respecto a las otras personas presentes durante alguna etapa dentro de la abertura y vaciado de la tumba del Ret Tutankamón, existen los siguientes datos obtenidos en el año de 1934, esto es, 12 años después del evento.

De las 26 personas presentes en la inauguración de la tumba en 1922, solo seis murieron. 

De los 22 presentes en la apertura del sarcófago en 1924, solo dos murieron en la década siguiente.

 De las 10 personas presentes cuando la momia fue desenvuelta en 1925, todas seguían vivas en 1934.

El estudio mostró que de las 58 personas que estuvieron presentes cuando se abrieron la tumba y el sarcófago, solo ocho murieron en un lapso de doce años.

Lo cual no tiene nada de raro, lo inusual hubiera sido que ninguno de ellos, siendo de diferentes edades, hubiera muerto en doce años.

Los periodistas con el fin de proporcionarle mayor dramatismo a la maldición del Faraón, le endilgaron varias victimas que tenían poca o ninguna asociación genuina con las excavaciones de la tumba o sus descubridores,  murieron lejos de Egipto, muchas de ellas décadas más tarde, cuando eran de edad avanzada.

El radiólogo Sir Archibald Douglas Reid que fue reclamado como víctima de la maldición porque aceptó radiografiar a la momia antes de morir, ya se sabía que se encontraba enfermo.

Amigos y asociados de Lord Carnarvon, los millonario George Jay Gould y Woolf Joel murieron poco después de visitar la tumba, pero no en Egipto, y sus muertes se debieron a la malaria y una herida de bala, respectivamente.

Al principe  y al Gobernador fueron asesinaron en hechos que no tienen nada que ver con la tumba del Rey Tutakamón.

La mayoría de las otras muertes se atribuyeron a los estragos del tiempo o causas naturales.

La tasa de supervivencia promedio para cualquier persona que hubiera tenido participación en la tumba fue de alrededor de 21 años.

La siguiente tabla proporciona los nombres y la información de otras personas involucradas en el descubrimiento:

Nombre Murió Años Función Comentario
Adamson, Richard 1980+ 81+ Guardia que durmió en la tumba
Benedite, Georges 1926 69 Representante del Louvre Murió de golpe de calor
Bethell, Richard 1929 Secretario personal de Carter Murió en Londres
Breasted, James H. 1935 70 Univ. de arqueólogo de Chicago
Bruyere, Bernard 1965+ 80+
Burton, Harry 1939+ Fotógrafo Altamente involucrado en el proyecto
Callender, AR 1939 Asistente de Carter Presente en todos los procedimientos de tumba
Capart, Jean 1947 70 Arqueólogo belga
Derry, Douglas 1969 87 Anatomista de la Universidad de El Cairo Momia analizada de Tut
Engelbach, Reginald 1946 58 Museo de El Cairo
Gardiner, Sir Alan 1963 84 Filólogo Manejó todo el material escrito en tumba
Hall, Lindsley F. 1939+ Dibujante Presente en todos los procedimientos de tumba
Hauser, Walter 1939+ Dibujante Presente en todos los procedimientos de tumba
Herbert, Lady Evelyn 1980 78 Hija de Lord Carnarvon Entrada a la tumba cuando se abre
Kuentz, Charles 1939+
Lacau, Pierre 1965 92 Egiptólogo Íntimamente involucrado – todas las operaciones
Lefebvre, Gustave 1957 78 Museo de El Cairo
Lucas, Alfred 1950+ 79 Químico para el Gobierno de Egipto
Lythgoe, AM 1934 66 Museo Metropolitano (NYC)
Mace, Arthur C. 1928 Museo Metropolitano (NYC)
Winlock, Herbert E. 1950 66 Museo Metropolitano (NYC)
Sheikh Hussein 1997 87

Sin dejar de lado el hecho de que la maldición del faraón debería haber caído directamente sobre los hombros del propio Howard Carter, pero vivió otros 17 años, muriendo justo antes de cumplir 65 años.

De los anteriores datos apreciamos que la llamada maldición del faraón en vez de ser una  maldición, fue una bendición primeramente para los involucrados ya que tuvieron una expectativa de vida de  73 años, superior a la esperada en esa década.

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Para ellos fue una maldición beneficiosa.

También fue una bendición para Egipto ya que incrementó el interés por la egiptología en el mundo entero, por lo que no hay dudas sobre las bendiciones que la maldición del faraón ha otorgado a su industria turística.

Por otro lado, que no exista inscripción sobre alguna maldición en la tumba del Rey Tutankamón, no implica que no existan tumbas con maldiciones aunque son extremadamente raras, posiblemente porque la idea de tal profanación era impensable.

Si bien en las tumbas de los reyes no se pueden encontrar, si las podemos encontrar en tumbas privadas de la época del Imperio Antiguo, un ejemplo es la tumba de Ankhtifi e la novena dinastía, que tiene la advertencia:

“cualquier gobernante que … haga maldad o maldad en este ataúd … puede que Hemen ([una deidad local]) no acepte ningún bien que ofrezca , y que su heredero no herede “.

La tumba de Khentika Ikhekhi de la décima novena dinastía contiene la siguiente inscripción:

“En cuanto a todos los hombres que entren en este mi sepulcro … impuro … habrá juicio … se le hará un fin … Agarraré su cuello como un pájaro … Le arrojaré el miedo a él “.

Otra maldición dice :

“Malditos sean los que perturban, aquellos que rompan el sello de esta tumba se encontrarán con la muerte por una enfermedad que ningún médico puede diagnosticar”

Una maldición que se puede leer en una tumba de los constructores de las pirámides en Giza es la siguiente:

“Todas las personas que entren en esta tumba y hagan mal contra esta tumba y la destruyan, el cocodrilo estará contra ellas en el agua, y las serpientes contra ellos en tierra. Que el hipopótamo sea contra ellos en el agua, el escorpión contra ellos en la tierra¨

Se han encontrado más de 1,000 lugares en los que hay inscrita una execración, distribuidos en diferentes Ciudades como Semna, Uronarti, Mirgissa, Elefantina, Tebas, Balat, Abydos, Helwan, Saqqara y Giza.

Debido a que las jarras de execración, figuritas, jarrones y estatuas casi se destruyeron durante los rituales, los arqueólogos tienen que volver a juntar todas las piezas que encuentran en las fosas de execración para aprender sobre los rituales.

Las figuras allí nombran más de 60 ciudades enemigas, personas y tribus.

Respecto a otros sucesos.

El canario mascota de Howard Carter no fue devorado por una cobra un día después de que se abrió la tumba, se lo haía dado a su amigo, Minnie Burton, para que lo cuidara mientras trabajaba, por lo que nunca tuvo lugar la fatídica reunión con la cobra.

El perro de Lord Carnarvon, de nombre Susie, murió exactamente a las cuatro en punto de la mañana y Lord Carnarvon murió a la 1.55 am hora de Egipto, que habría sido la medianoche, no las 4 a.m., en Inglaterra.

En el momento de la muerte de Lord Carnarvon pudo haber sucedido un apagón en El Cairo, algo que sería impresionante si no fuera por el hecho de que los apagones eran muy comunes en El Cairo en esa época.

¿Qué tenemos entonces?

La famosa maldición de los faraones que es lanzada contra cualquier persona que perturbe a la momia, especialmente de un faraón, que no tiene diferencia entre ladrones y arqueólogos, que supuestamente puede causar mala suerte, enfermedad o muerte.

Si existe.

Desde mediados del siglo XX se sabe que la maldición del faraón es real en el sentido de ser causada por causas científicamente explicables, como las bacterias o la radiación creadas debido a los años que lleva cerrada la tumba.

Los faraones egipcios no escribieron maldiciones en sus tumbas, solamente numerosos hechizos con la intención de ayudar a los difuntos a atravesar el inframundo.

Obviamente y debido a lo anterior nunca vamos a encontrar evidencia de una maldición en ninguna parte de la tumba del Rey Tutankamón.

Así como nunca se a encontrado una maldición en alguna tumba real.

Howard Carter no inventó la idea de una tumba maldita pero la explotó para mantener a los intrusos lejos de su descubrimiento.

Un misterio dramático con el número de victimas de una película de terror.

Un thriller, diría un cinéfilo.

Esa idea mantuvo también en boca de todos al Rey Tutankamón.

Todos los Reyes quieren ser recordados por siempre y el Rey Tutankamón debe estar complacido por el descubrimiento de su tumba ya que caso contrario su nombre habría sido olvidado por todos.

En el antiguo egipto se consideraba que una persona se mantenían viva si su nombre  es recordado.

El Rey Tutankamón tiene eso asegurado.

Su nombre siempre será recordado.

Ya que es el faraón de Egipto más nombrado.

IMAGINATE estar viendo la película ¨coco¨ y ver una trama similar, si los nombres de los muertos no eran recordados, en el día de los muertos moría su alma.

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