La carta nunca escrita por el jefe indio Seattle.

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MENSAJE TRASTOCADO

 

Mensaje: Noticia que una persona envía a otra.

Trastocar: Alterar el orden o la esencia de algo.

 

El día 22 de Abril de 1970 se celebró el primer día mundial de la tierra.

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Fue un día en el que se le rindió homenaje  y se reconoció al planeta Tierra como nuestro hogar y nuestra madre.

Celebramos el Día Internacional de la Madre Tierra para recordar que el planeta y sus ecosistemas nos dan la vida y el sustento.

Por lo que el Día de la Tierra nos hace un llamado a tomar consciencia sobre su cuidado y preservación.

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Ese día el profesor William Arrowsmith, de la Universidad de Texas, leyó un texto atribuido al jefe Seattle también conocido como Sealth.

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Texto que con el paso del tiempo llegó a ser una declaración de gran alcance, respecto no solamente a los derechos de los nativos americanos y sus valores ambientales, sino de todas las personas

Texto que es citado en cualquier manifestación en favor de la protección del medio ambiente.

Si bien el texto es un poco largo, el texto es una belleza.

Aquí tenemos el vídeo del texto:

Y el texto dice así:

El Gran Jefe Blanco de Wáshington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad.

Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras.

El Gran Jefe Blanco de Wáshington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.

¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo.

La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.

Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja.

Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos.

Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.

Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Wáshington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros.

El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos.

Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros.

Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados.

Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo.

El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños.

Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita.

La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa.

Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.

La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados.

Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos.

Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.

Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un  salvaje y no comprendo.

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo.

El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo.

Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor.

Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro.

Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar.

Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar.

Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales?

Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo.

Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.

Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.

La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.

Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.

Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.

¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.

La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

FIN

Sin duda alguna las palabras nos muestran el amor que le debemos tener a la Tierra.

Nos muestran el sentir de los nativos Americanos que ya sabían que el hombre acabaría con parte de la naturaleza.

Palabras que debemos todos debemos tener presente al causar un daño al planeta Tierra.

Simplemente una carta cuyo contenido todos debemos conocer.

Pero …….

Parece demasiado perfecto.

¿Cuál es la historia del texto?

Hay que empezar aclarando que el hecho más importante a destacar es que no hay ninguna transcripción textual en existencia de lo pronunciado por el Jefe Seattle ese día.

Todos los textos conocidos son de segunda mano.

Existen 4 diferentes versiones de la supuesta carta escrita por el Jefe Seattle, pero las últimas tres versiones son cambios que se realizan al primer texto.

Todo empieza en 1854, el nuevo Gobernador territorial, Isaac Ingalls Stevens , comenzó el proceso largamente esperado de hacer tratados con los pueblos nativos del noroeste del Pacífico.

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El propósito de estas negociaciones era claro:

Los indios tenían que ceder sus tierras a los colonos a cambio de pequeñas reservas y las promesas de ayuda del gobierno.

El Dr. David Swinson “Doc” Maynard amigo del jefe Seattle, acordó la reunión entre el jefe indio Seattle y el Gobernador Isaac Ingalls Stevens, en Diciembre de 1854.

En dicha reunión, llevada a cabo el 22 de Enero de 1855, se dice que el Jefe Seattle pronunció un apasionado discurso en su lengua nativa.

Hay un argumento histórico no resuelto sobre el dialecto nativo habría utilizado el Jefe, Duwamish o Suquamish.

De cualquier manera todos están de acuerdo el discurso se tradujo a la jerga Chinook en el lugar, ya que el Jefe Seattle nunca aprendió a hablar Inglés.

Aquí surge la primera versión:

De lo que habló el Jefe Seattle ese día, tomó notas el Dr. Henry Smith:

Según Dr Henry Smith, el Jefe Seattle habló de su tristeza por la grave injusticia a los indios por los invasores europeos y el absurdo, en opinión del jefe, de reclamar la tierra como si fueran propios y de no respetar la tierra ancestral.

Con las notas y las visitas que se supone realizó al Jefe Seattle en las siguientes décadas para conseguir las palabras adecuadas en Inglés.

El Dr Henry Smith reconstruyó las palabras del jefe Seattle en su publicación que aparece en la edición del 29 de Octubre de 1887 del periódico Seattle Sunday Star, a 33 años de que ocurrió el hecho.

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Aquí se encuentra el link para los que quieran leer lo que escribió el Dr. Henry Smith en el periódico. http://perolofdk.com/chiefs4.htm

El Dr Henry Smith en la publicación del periódico deja muy en claro que la carta era sólo un fragmento del discurso pronunciado ese día y que carece de todo el encanto, gracia y seriedad del sabio orador el Jefe Seattle.

Que su versión no es una copia exacta, sino que lo mejor que pudo al juntar las notas tomadas en ese momento.

[Versión 1 comienza: Yonder cielo ha llorado lágrimas de compasión de nuestros padres para incontables siglos, y que, para nosotros, parece eterna, puede cambiar. Hoy en día es justo, mañana puede ser cubierto con las nubes. Mis palabras son como las estrellas que nunca se establecen. …]

La segunda versión:

Fue el texto del profesor William Arrowsmith, que enseñaba literatura clásica en la Universidad de Texas, se encontró con la versión del Dr. Henry Smith y la cambió para reflejar el estilo de protesta de los años 1960.

En el primer Día de la Tierra en 1970 , William Arrowsmith leyó su texto modificado ante una gran multitud.

William Arrowsmith  intento poner al texto original una forma de hablar más actual, en lugar de estilo victoriano más florido del Dr. Henry Smith.

A excepción de esta modernización, es muy similar a la versión primera.

[Versión 2 comienza: Hermanos: Que el cielo encima de nosotros ha compadecido nuestros padres durante muchos cientos de años. A nosotros nos parece que no cambia, pero puede cambiar. Hoy en día es justo. Mañana puede ser cubierto con la nube. …]

La Tercera versión:

Entre los presentes en el evento denominado el primer Día de la Tierra en 1970 , el día en que el profesor William Arrowsmith leyó su versión de la carta del Jefe Seattle.

Se encontraba Ted Perry:

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Ted Perry era un guionista que trabajaba en aquel tiempo para la Comisión de Radio y Televisión de la Convención Bautista del Sur de California.

Resulta que en la nueva película en la que iba a trabajar Ted Perry el productor de la película quería mostrar un jefe indio americano distinguido pronunciando una declaración de preocupación por el medio ambiente.

Ted Perry recordó la carta del Jefe Seattle  por lo que tejió unas líneas maravillosas sobre el modelo de discurso original del Jefe Seattle para servir de guión de una película sobre la ecología llamada “Home”.

Ted Perry esperaba el crédito por escribir ese guión en la película, pero cometió el error de incluir el nombre del Jefe Seattle en su texto.

De acuerdo con Ted Perry, el productor no le proporcionó crédito como guionista porque pensaba que la película podría parecer más auténtica si solamente tenía como autor de la carta al Jefe Seattle.

En vez de que los créditos dijeran “escrito por Ted Perry”

Se pudo leer “investigado por Ted Perry”

Los creadores de la película no solamente cambiaron el contenido de la primera versión de las palabras del Jefe Seattle sin aceptarlo.

Sino que también la convirtieron en una carta de respuesta al presidente Franklin Pierce.

Carta que nunca fue escrita por o para el Jefe Seattle, carta que nunca fue enviada y de la que obviamente no existe copia alguna, fue un discurso lo que pronunció.

[Versión 3 comienza: El Gran Jefe de Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. El Gran Jefe también nos envía palabras de amistad y buena voluntad. Esto es un poco de él, ya que sabemos que tiene poca necesidad de nuestra amistad a cambio. Pero vamos a considerar su oferta. Porque sabemos que si no vendemos, el hombre blanco podrá venir con armas de fuego y tomar nuestra tierra. ¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? La idea es extraño para nosotros. …]

Desde entonces, el texto del medio ambiente de Ted Perry ha sido ampliamente distribuido como una declaración profética ecológica por el propio Jefe Seattle.

Así como una respuesta al Presidente Franklin Pierce acerca de la venta de las tierras de los nativos Americanos.

Si bien lo que conocemos actualmente como “la Carta de contestación al Presidente Franklin Pierce del Jefe Seattle” es parte del discurso original del Jefe Seattle, no tiene nada que ver con ser una carta y mucho menos una respuesta al Presidente de los Estados Unidos.

Es un invento del cine.

La cuarta versión:

Apareció en una exhibición en la Expo ’74 en Spokane, Washington, y es simplemente  una edición abreviada de la escritura de Ted Perry.

[Versión 4 comienza: El Presidente en Washington manda decir que desea comprar nuestras tierras. Comprar nuestras tierras! Pero, ¿cómo se puede comprar o vender el cielo? ¿la tierra? La idea es extraño para nosotros. …] ...

Había cuatro versiones, una tenía que ser la original.

El descubridor del cuento fue un historiador alemán especializado en los indígenas norteamericanos, Rudolph Kaiser, que identificó a Ted Perry como autor de la llamada “Carta del Jefe Seattle” y publicó su investigación en los años 90.

¿Qué tenemos entonces?

El que se dice que fue el discurso del Jefe Seattle no se ajusta a lo que se conoce de la forma de hablar de los indios de Puget Sound ya que la lengua nativa no tiene tantos adornos.

El Dr. Henry Smith, por su parte, era conocido como un “poeta de talento ordinario” que “se tejió en versos y ensayos gran parte de sus reflexiones.”

Así, mientras que esta versión más antigua del texto puede presentar la esencia de las palabras del Jefe Seattle, parece probable que también es el producto de reflexiones poéticas de Henry Smith.

Es inexacto el texto, sin embargo, es la única versión de un testigo del discurso más famoso del Jefe Seattle.

Esa fama se debe, en parte, a la aparición de una campaña que nos llama a ser responsables con el medio ambiente y que se ha atribuido erróneamente a Jefe Seattle.

Lamentablemente hay un problema en su atribución:

El hombre equivocado está siendo acreditado en todo el mundo como autor del texto, error que se originó con un guión de cine, que se permitió libertades creativas y no reconoció al verdadero autor de las palabras.

Que se continué pensando que la autoría de la carta es del Jefe Seattle sin duda alguna no es culpa de los involucrados, desde Henry Smith hasta Ted Perry quienes siempre a sido honestos respecto a lo sucedido.

Sin duda alguna la responsabilidad es de quienes aun a pesar de que conocen los hechos han continuado presentando la carta del jefe Seattle como fundamento del movimiento ecológico y como ejemplo para la humanidad de la forma en que los nativos Americanos cuidaban la naturaleza.

El valor, relevancia hoy en día y el poder del discurso no están en duda.

Pero ni es carta, ni su contenido fue escrito por el Jefe Seattle.

La mentira, consolidada por un grupo internacional que defiende el medio ambiente, desgraciadamente sigue.

Tal vez por motivos románticos.

Ya que es más interesante escuchar la historia de la contestación al Presidente Franklin Pierce por medio de una carta del Jefe Seattle respecto a la conservación del medio ambiente, que la verdadera historia del por qué escribió ese guion Ted Perry.

O tal vez debido a que la primera historia vende más.

IMAGINATE: El Jefe Seattle nunca pudo haber dicho “He visto a miles de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que les disparó desde un tren en marcha.” ya que vivió en el noroeste del Pacífico donde no había búfalos a menos de 1000 kilómetros, tampoco había vías de tren que llegó 15 añod después de la supuesta carta, por último la gran masacre de Búfalos fue una década después de que el Jefe Seattle muriera.

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