De qué se acusó a Galileo Galilei?

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RETRACTACIÓN CONDICIONADA

 

Me a tocado infinidad de veces escuchar que el astrónomo, filósofo, ingeniero, matemático y físico italiano Galileo Galilei fue juzgado por la santa inquisición de la Iglesia Católica.

Que fue quemado en la hoguera.

Que su crimen fue afirmar que la Tierra era redonda.

Que fue el primero que dijo que el Planeta Tierra era redondo.

Hay algunos que comentan que fue porque afirmó que la tierra era plana.

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Todavía existen personas que dicen que Colón creía que la Tierra era plana

Qué hay de cierto?

Hacia el año 130 d. d. C. un astrónomo greco – egipcio de nombre Ptolomeo, aquí su fotografía:

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 publicó la obra conocida con el nombre de Almagesto:

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Donde afirmaba que la tierra, inmóvil, era el centro del universo y que los demás planetas – incluido el sol – giraban alrededor a ella.

Esta teoría se conoció como modelo geocéntrico.

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La teoría que pone a la Tierra en el centro del universo, y los astros, incluido el Sol, girando alrededor de la Tierra

En el mundo occidental, en la iglesia, escuelas, monasterios se aceptó esta visión del mudo sin objeciones.

La palabra de la Iglesia romana era entonces intocable y el modelo geocéntrico tuvo validez universal.

No todos estaban de acuerdo con el modelo geocéntrico.

Pero fue hasta el año 1543 que la teoría geocéntrica enfrentó su primer cuestionamiento serio con la publicación:

Nicolás Copérnico matemático Astrónomo, jurista, físico, diplomático y economista.

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Desarrolló una hipótesis, nunca lo presentó como una certeza científica, que aseguraba que la Tierra y los demás planetas, contrariamente a la doctrina oficial del momento, rotaban alrededor del Sol.

De allí la llamada teoría del heliocentrismo.

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Contenida en su libro De revolutionibus orbium coelestium(Sobre los giros de los orbes celestes).

Aquí la portada del libro:

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El libro causó una controversia moderada en su publicación.

Se defendía la iglesia diciendo que no era algo demostrado, que se seguían apoyando en lo que las escrituras establecían,

Por ejemplo Salmo 93 que a la letra dice:

1.Reina el Señor, vestido de grandeza, el Señor se revistió de poder, lo ciñó a su cintura, el mundo está ahora firme e inamovible.

A pesar de lo anterior la Iglesia seguía con mucho interés la evolución de la astronomía.

De hecho, en 1578 el papa Gregorio XIII :

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Hizo erigir en el Vaticano la Torre de los Vientos y encargó a los jesuitas astrónomos y matemáticos del Colegio Romano que preparasen la reforma del calendario promulgada después en 1582.

Foto de la Torre de los Vientos, llamada hoy Torre Gregoriana.

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Desde entonces, la Santa Sede no ha cesado nunca de manifestar el propio interés y apoyo a la investigación astronómica.

Las tesis de Nicolás Copérnico no habían sido condenadas por la Iglesia, pues quedaban en el plano de las hipótesis y por tanto en el campo de la discusión científica.

Con el paso del tiempo en algunas universidades llegó a ser un libro obligatorio aunados a que varios astrónomos se adoptaron la misma postura.

La Iglesia, al no existir ninguna prueba científica que demostrase la veracidad de la teoría del heliocentrismo, se opuso a esta porque contradecía las Sagradas Escrituras.

La evidencia hasta el momento (según la observación terrestre) de que la Tierra era plana y todo giraba a su alrededor.

Sin embargo, la controversia surgió cuando se pretendió abandonar el plano de la hipótesis y además se pretendía aplicar un fundamento bíblico a la teoría experimental.

Por lo que 70 años después de su publicación, en el año 1616 se prohibió la difusión de la teoría heliocentrista de Copérnico por no existir ninguna prueba científica que la confirmara.

La iglesia acabó incluyendo la obra Copérnico en el indice de libros prohibidos mediante un Decreto de la Sagrada Congregación del 5 de marzo de ese año:

(…) También ha llegado a conocimiento de la esta Congregación que la doctrina pitagórica —que es falsa y por completo opuesta a la Sagrada Escritura— del movimiento de la Tierra y la inmovilidad del Sol, que también es enseñada por Nicolás Copérnico en ‘De Revolutionibus orbium coelestium’, y por Diego de Zúñiga en ‘Job’, está difundiéndose ahora en el extranjero y siendo aceptada por muchos (…). Por lo tanto, para que esta opinión no pueda insinuarse en mayor profundidad en perjuicio de la verdad Católica, la Sagrada Congregación ha decretado que la obra del susodicho Nicolás Copérnico, ‘De Revolutionibus orbium’, y de Diego de Zúñiga, ‘Sobre Job’, sean suspendidas hasta que sean corregidas.

Hasta el año 1758 salió del indice de libros prohibidos.

Qué hay de Galileo Galilei ?

Toda la historia comienza con la publicación de su obra clave Sidereus nuncius (conocido como Mensajero sideral, y también bajo la acepción de Mensaje sideral) es un tratado corto escrito en Latín por Galileo Galilei y publicado en Venecia en Marzo de 1610.

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Fue el primer tratado científico basado en observaciones astronómicas realizadas con un telescopio.

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Contiene los resultados de las observaciones iniciales de la Luna, las estrellas y las lunas de Júpiter.

Su publicación se considera el origen de la moderna astronomía y provocó el colapso de la teoría geocéntrica.

Así tras pequeñas disputas menores por defender lo contenido en el libro, el cardenal Belarmino, inquisidor de gran prestigio, comienza a investigar a Galileo en 1611.

Fotografía del cardenal Belarmino.

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Tras varios años donde Galileo Galilei intento convencer a todos de que sus teorías eran ciertas.

Debido a que en 1616 se dictaminó que la teoría heliocéntrica era herética.

Se encomendó a San Roberto Bellarmino, la misión de amonestar al gran astrónomo; pero en su amonestación, que Galileo tomó muy bien, se limitó a rogarle que propusiese simplemente como hipótesis las teorías que no estaban todavía probadas.

El cardenal Belarmino, le advirtió de que no debía discutir ni escribir sobre ella.

Galileo obedeció esta consigna durante varios años.

juicio

En 1622, el cardenal Mafeo Barberini, por cierto amigo de Galileo Galilei, es elegido Papa bajo el nombre de Urbano VIII.

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El nuevo Papa, Urbano VIII, se reúne con él en 1623.

La llegada al solio pontifical de Urbano VIII, un hombre culto con el que Galileo tenía relación desde hacía tiempo, le hizo concebir la esperanza de que podría publicar una obra sobre la cuestión.

Urbano VIII le dio permiso para que escriba sobre el heliocentrismo, pero le pidió que sólo presente los argumentos a favor y en contra de la teoría.

El 3 de febrero de 1623 Galileo recibe la autorización para publicar su Saggiatore que dedica al nuevo Papa.

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Obra donde ridiculizaba a Horazio Grassi, uno de los más importantes científicos jesuitas, que se había eregido como defensor de la teoría geocéntrica contra las ideas de Galileo Galilei.

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Con Urbano VIII, Galileo podrá trabajar sin problemas con la inquisición hasta el año 1632.

Año que fue publicado en la Ciudad de  Florencia el día 22 de febrero en idioma Italiano el libro “Diálogo sobre los principales sistemas del mundo”

En Italiano “Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo Tolemaico, e Coperniciano”

El Diálogo es a la vez una revolución y un verdadero escándalo.

El libro es en efecto abiertamente pro-copernicano.

En el prefacio del libro donde comparaba ambas hipótesis —la de la Tierra en el centro del Universo y la que atribuye ese lugar al Sol—,

Galileo escribe:

Los fenómenos celestes serán analizados reforzando la hipótesis copernicana, hasta
que quede claro que ésta debe triunfar de forma absoluta.

Y más adelante, en su libro, confiesa:

Nunca podré admirarlos lo suficiente [a Copérnico y sus seguidores]; mediante pura
fuerza del intelecto riñeron hasta tal punto con su sentido común como para preferir
lo que les dictaba la razón a lo que la experiencia responsable les mostraba
claramente.

Al optar por la forma de diálogo, Galileo pretendió zafarse de posibles represalias, expresando sus ideas a través de un tercero.

Libro en el que, a modo de diálogo entre personajes, defendía que la teoría copernicana era empíricamente cierta pero no aportaba ninguna prueba científica que lo demostrase y además se presentaba como teólogo sin serlo.

En el libro Galileo parece burlarse del Papa al poner en boca de un personaje llamado Simplicio los mismos argumentos del Papa.

El Diálogo se desarrolla en Venecia durante cuatro jornadas entre tres interlocutores:

1.- Filipo Salviati, un Florentino seguidor de Copérnico.

Salviati, defensor del sistema copernicano. Representa la propia visión de Galileo.

El nombre proviene del apellido de uno de sus amigos: Filipo Salviati.

2.- Giovan Francesco Sagredo, un veneciano ilustrado sin tomar partido.

Sagredo es un neófito inteligente que representa la visión neutral de quien busca la verdad sin aferrarse a dogma alguno.

Es nombrado en honor al amigo de Galileo,Giobanni Francesco Sagredo.

Fotografía de Sagredo:

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y;

Simplicio, un mediocre defensor de la física aristotélica.

Aunque el nombre del personaje proviene del filósofo homónimo del siglo VI, férreo defensor de los fundamentos aristotélicos.

Algunos quieren ver al personaje como inspirado en Urbano VIII.

Pese a que Galileo Galilei, declara que no se basaba en Urbano VIII, pierde el favor del Papa y su única defensa contra la Inquisición.

El mismo año de la publicación fue citado por la iglesia con orden de acudir de inmediato a Roma para presentarse ante el tribunal.

Fue llamado a Roma bajo “sospecha grave de herejía” por haber violado la prohibición impuesta el año 1616.

Vivía en Florencia y los médicos consideraron que un viaje a Roma ponía en peligro su salud.

El papa Urbano reaccionó airado, ordenando a Galileo a viajar, incluso de a pie… o encadenado si fuera necesario.

Había otra razón de la molestia del papa: en el Diálogo aparece defendiendo el modelo ptolemaico con el nombre de Simplicio.

Urbano, quien solía afirmar que sabía más de todos sus cardenales juntos, concluyó que Simplicio era su propia caricatura.

Galileo emprendió viaje y llegó a Roma el en 1633.

Le pidieron que presentara una justificación bíblica de sus aseveraciones.

Durante el proceso explica al respecto Vittorio Messori:

“la aprobación eclesiástica del libro… se le había concedido a condición de que presentara la teoría copernicana como hipótesis (como también exigían los conocimientos científicos de la época, todavía inciertos), mientras que él la daba por demostrada. Pero aún hay más. Prometió adecuarse: y no sólo no  lo hizo, entregando a la imprenta el manuscrito tal como estaba, sino que  puso en boca del bobo de los Diálogos, cuyo nombre ejemplar es Simplicio, los consejos de moderación que le había dado el Papa, que  incluso era su amigo y lo admiraba”.

En el auto de acusación de Galileo, la Iglesia declaró:

La doctrina de que la Tierra no se halla en el centro del universo ni está inmóvil sino
que gira, incluso en una rotación diaria, es absurda; es falsa desde el punto de vista
psicológico y teológico y constituye, cuando menos, una ofensa a la fe.

Fue así que se acusó a Galileo ante la Iglesia porque sus afirmaciones sobre el sistema heliocéntrico parecían contradecir textos de la Biblia donde se dice que la Tierra está quieta y el Sol se mueve.

Aquí la sentencia de la Inquisición en contra de Galileo Galilei:

“Por cuanto tú, Galileo, hijo del difunto Vincenzio Galilei, de Florencia, de setenta años de edad, fuiste denunciado, en 1615, a este Santo Oficio, por sostener como verdadera una falsa doctrina enseñada por muchos, a saber: que el Sol está inmóvil en el centro del mundo y que la Tierra se mueve y posee también un movimiento diurno; así como por tener discípulos a quienes instruyes en las mismas ideas; así como por mantener correspondencia sobre el mismo tema con algunos matemáticos alemanes; así como por publicar ciertas cartas sobre las manchas del Sol, en las que desarrollas la misma doctrina como verdadera; así como por responder a las objeciones que se suscitan continuamente por las Sagradas Escrituras, glosando dichas Escrituras según tu propia interpretación; y por cuanto fue presentada la copia de un escrito en forma de carta, redactada expresamente por ti para una persona que fue antes tu discípulo, y en la que, siguiendo la hipótesis de Copérnico, incluyes varias proposiciones contrarias al verdadero sentido y autoridad de las Sagradas Escrituras; por eso este sagrado tribunal, deseoso de prevenir el desorden y perjuicio que desde entonces proceden y aumentan en menoscabo de la sagrada fe, y atendiendo al deseo de Su Santidad y de los eminentísimos cardenales de esta suprema universal Inquisición, califica las dos proposiciones de la estabilidad del Sol y del movimiento de la Tierra, según los calificadores teológicos, como sigue:

1. La proposición de ser el Sol el centro del mundo e inmóvil en su sitio es absurda, filosóficamente falsa y formalmente herética, porque es precisamente contraria a las Sagradas Escrituras.

2. La proposición de no ser la Tierra el centro del mundo, ni inmóvil, sino que se mueve, y también con un movimiento diurno, es también absurda, filosóficamente falsa y, teológicamente considerada, por lo menos, errónea en la fe.

Pero, estando decidida en esta ocasión a tratarte con suavidad, la Sagrada Congregación, reunida ante Su Santidad el 25 de febrero de 1616, decreta que su eminencia el cardenal Bellarmino te prescriba abjurar del todo de la mencionada falsa doctrina; y que si rehusares hacerlo, seas requerido por el comisario del Santo Oficio a renunciar a ella, a no enseñarla a otros ni a defenderla; y a falta de aquiescencia, que seas prisionero; y por eso, para cumplimentar este decreto al día siguiente, en el palacio, en presencia de su eminencia el mencionado cardenal Bellarmino, después de haber sido ligeramente amonestado por dicho cardenal, fuiste conminado por el comisario del Santo Oficio, ante notario y testigos, a renunciar del todo a la mencionada opinión falsa y, en el futuro, no defenderla ni enseñarla de ninguna manera, ni verbalmente ni por escrito; y después de prometer obediencia a ello, fuiste despachado.

Y con el fin de que una doctrina tan perniciosa pueda ser extirpada del todo y no se insinúe por más tiempo con grave detrimento de la verdad católica, ha sido publicado un decreto procedente de la Sagrada Congregación del índice, prohibiendo los libros que tratan de esta doctrina, declarándola falsa y del todo contraria a la Sagrada y Divina Escritura.

Y por cuanto después ha aparecido un libro publicado en Florencia el último año, cuyo título demostraba ser tuyo, a saber: El diálogo de Galileo Galilei sobre los dos sistemas principales del mundo: el ptolomeico y el copernicano; y por cuanto la Sagrada Congregación ha oído que a consecuencia de la impresión de dicho libro va ganando terreno diariamente la opinión falsa del movimiento de la Tierra y de la estabilidad del Sol, se ha examinado detenidamente el mencionado libro y se ha encontrado en él una violación manifiesta de la orden anteriormente dada a ti, toda vez que en este libro has defendido aquella opinión que ante tu presencia había sido condenada; aunque en el mismo libro haces muchas circunlocuciones para inducir a la creencia de que ello queda indeciso y sólo como probable, lo cual es asimismo un error muy grave, toda vez que no puede ser en ningún modo probable una opinión que ya ha sido declarada y determinada como contraria a la Divina Escritura. Por eso, por nuestra orden, has sido citado en este Santo Oficio, donde, después de prestado juramento, has reconocido el mencionado libro como escrito y publicado por ti. También confesaste que comenzaste a escribir dicho libro hace diez o doce años, después de haber sido dada la orden antes mencionada. También reconociste que habías pedido licencia para publicarlo, sin aclarar a los que te concedieron este permiso que habías recibido orden de no mantener, defender o enseñar dicha doctrina de ningún modo. También confesaste que el lector podía juzgar los argumentos aducidos para la doctrina falsa, expresados de tal modo, que impulsaban con más eficacia a la convicción que a una refutación fácil, alegando como excusa que habías caído en un error contra tu intención al escribir en forma dialogada y, por consecuencia, con la natural complacencia que cada uno siente por sus propias sutilezas y en mostrarse más habilidoso que la generalidad del género humano al inventar, aun en favor de falsas proposiciones, argumentos ingeniosos y plausibles.

Y después de haberse concedido tiempo prudencial para hacer tu defensa, mostraste un certificado con el carácter de letra de su eminencia el cardenal Bellarmino, conseguido, según dijiste, por ti mismo, con el fin de que pudieses defenderte contra las calumnias de tus enemigos, quienes propalaban que habías abjurado de tus opiniones y habías sido castigado por el Santo Oficio; en cuyo certificado se declara que no habías abjurado ni habías sido castigado, sino únicamente que la declaración hecha por Su Santidad, y promulgada por la Sagrada Congregación del índice, te había sido comunicada, en la que se declara que la opinión del movimiento de la Tierra y de la estabilidad del Sol es contraria a las Sagradas Escrituras, y que por eso no puede ser sostenida ni defendida. Por lo que al no haberse hecho allí mención de dos artículos de la orden, a saber: la orden de ‘no enseñar’ y ‘de ningún modo’, argüiste que debíamos creer que en el lapso de catorce o quince años se habían borrado de tu memoria, y que ésta fue también la razón por la que guardaste silencio respecto a la orden, cuando buscaste el permiso para publicar tu libro, y que esto es dicho por ti, no para excusar tu error, sino para que pueda ser atribuido a ambición de vanagloria más que a malicia. Pero este mismo certificado, escrito a tu favor, ha agravado considerablemente tu ofensa, toda vez que en él se declara que la mencionada opinión es opuesta a las Sagradas Escrituras, y, sin embargo, te has atrevido a ocuparte de ella y a argüir que es probable. Ni hay ninguna atenuación en la licencia arrancada por ti, insidiosa y astutamente, toda vez que no pusiste de manifiesto el mandato que se te había impuesto. Pero considerando nuestra opinión de no haber revelado toda la verdad respecto a tu intención, juzgamos necesario proceder a un examen riguroso, en el que contestaste como buen católico.

Por eso, habiendo visto y considerado seriamente las circunstancias de tu caso con tus confesiones y excusas, y todo lo demás que debía ser visto y considerado, nosotros hemos llegado a la sentencia contra ti, que se escribe a continuación:

Invocando el sagrado nombre de Nuestro Señor Jesucristo y de Su Gloriosa Virgen Madre María, pronunciamos ésta nuestra final sentencia, la que, reunidos en Consejo y tribunal con los reverendos maestros de la Sagrada Teología y doctores de ambos derechos, nuestros asesores, extendemos en este escrito relativo a los asuntos y controversias entre el magnífico Cario Sincereo, doctor en ambos derechos, fiscal procurador del Santo Oficio, por un lado, y tú, Galileo Galilei, acusado, juzgado y convicto, por el otro lado, y pronunciamos, juzgamos y declaramos que tú, Galileo, a causa de los hechos que han sido detallados en el curso de este escrito, y que antes has confesado, te has hecho a ti mismo vehementemente sospechoso de herejía a este Santo Oficio al haber creído y mantenido la doctrina (que es falsa y contraria a las Sagradas y Divinas Escrituras) de que el Sol es el centro del mundo, y de que no se mueve de este a oeste, y de que la Tierra se mueve y no es el centro del mundo; también de que una opinión puede ser sostenida y defendida como probable después de haber sido declarada y decretada como contraria a la Sagrada Escritura, y que, por consiguiente, has incurrido en todas las censuras y penalidades contenidas y promulgadas en los sagrados cánones y en otras constituciones generales y particulares contra delincuentes de esta clase. Visto lo cual, es nuestro deseo que seas absuelto, siempre que con un corazón sincero y verdadera fe, en nuestra presencia abjures, maldigas y detestes los mencionados errores y herejías, y cualquier otro error y herejía contrarios a la Iglesia Católica y Apostólica de Roma, en la forma que ahora se te dirá.

Pero para que tu lastimoso y pernicioso error y transgresión no queden del todo sin castigo, y para que seas más prudente en lo futuro y sirvas de ejemplo para que los demás se abstengan de delincuencias de este género, nosotros decretamos que el libro Diálogos de Galileo Galilei sea prohibido por un edicto público, y te condenamos a prisión formal de este Santo Oficio por un periodo determinable a nuestra voluntad, y por vía de saludable penitencia, te ordenamos que durante los tres próximos años recites, una vez a la semana, los siete salmos penitenciales, reservándonos el poder de moderar, conmutar o suprimir, la totalidad o parte del mencionado castigo o penitencia.”

El libro fue a continuación incluido en el indice de publicaciones prohibidas, del cual no fue eliminado hasta 1822.

Galileo Galilei afirmó que la Tierra giraba en torno al Sol , por este motivo la iglesia Católica Romana lo condenó a prisión perpetua, y se le conmina a abjurar de sus ideas, cosa que hace seguidamente.

En Roma, en el convento de Minerva, el 22 de junio de 1633.

Públicamente se retractó de su afirmación Galileo Galilei.

Aquí sus palabras:

Yo, Galileo Galilei, hijo del difunto Vincenzio Galilei, de Florencia, de setenta años de edad, siendo citado personalmente a juicio y arrodillado ante vosotros, los eminentes y reverendos cardenales, inquisidores generales de la república universal cristiana contra la depravación herética, teniendo ante mí los sagrados evangelios, que toco con mis propias manos, juro que siempre he creído y, con la ayuda de Dios, creeré en lo futuro todos los artículos que la Sagrada Iglesia Católica y Apostólica de Roma sostiene, enseña y predica. Por haber recibido orden de este Santo Oficio de abandonar para siempre la opinión falsa que sostiene que el Sol es el centro e inmóvil, siendo prohibido el mantener, defender o enseñar de ningún modo dicha falsa doctrina; y puesto que después de habérseme indicado que dicha doctrina es repugnante a la Sagrada Escritura, he escrito y publicado un libro en el que trato de la misma condenada doctrina y aduzco razones con gran fuerza en apoyo de la misma, sin dar ninguna solución; por eso he sido juzgado como sospechoso de herejía; esto es, que yo sostengo y creo que el Sol es el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no es el centro y es móvil, deseo apartar de las mentes de vuestras eminencias y de todo católico cristiano esta vehemente sospecha, justamente abrigada contra mí; por eso, con un corazón sincero y fe verdadera, yo abjuro, maldigo y detesto los errores y herejías mencionados, y, en general, todo otro error y sectarismo contrario a la Sagrada Iglesia; y juro que nunca más en el porvenir diré o afirmaré nada, verbalmente o por escrito, que pueda dar lugar a una sospecha similar contra mí; asimismo, si supiese de algún hereje o de alguien sospechoso de herejía, lo denunciaré a este Santo Oficio o al inquisidor y ordinario del lugar en que pueda encontrarme. Juro, además, y prometo que cumpliré y observaré fielmente todas las penitencias que me han sido o me sean impuestas por este Santo Oficio. Pero si sucediese que yo violase algunas de mis promesas dichas, juramentos y protestas (¡que Dios no quiera!), me someto a todas las penas y castigos que han sido decretados y promulgados por los sagrados cánones y otras constituciones generales y particulares contra delincuentes de este tipo. Así, con la ayuda de Dios y de sus sagrados evangelios, que toco con mis manos, yo, el antes nombrado Galileo Galilei, he abjurado, prometido y me he ligado a lo antes dicho; y en testimonio de ello, con mi propia mano he suscrito este presente escrito de mi abjuración, que he recitado palabra por palabra.

En Roma, en el convento de Minerva, 22 de junio de 1633; yo, Galileo Galilei, he abjurado conforme se ha dicho antes con mi propia mano.

Tras la abjuración el Papa conmuta la prisión por arresto domiciliario de por vida dada su avanzada edad.

Se cree que en este momento es cuando Galileo dijo su famosa frase “Eppur si muove” (y sin embargo se mueve) reafirmándose en sus ideas heliocéntricas.

La Inquisición obligó a Galileo a retractarse y fue recluido en su domicilio durante 5 años (de 1633 hasta 1638) quedando después en libertad hasta su muerte en 1642.

El 10 de noviembre de 1979, Juan Pablo II:

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Propuso:

Que se examine a fondo el “caso de Galileo” y “reconociendo lealmente los desaciertos, vengan de la parte que vinieren, hagan desaparecer los recelos que aquel asunto todavía suscita en muchos espíritus contra la concordia provechosa entre ciencia y fe»                 (L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 2 de diciembre de 1979, p. 9).

En 1981, casi 350 años después del juicio, el Vaticano desclasificó los archivos del caso Galileo.

En un papel ahora amarillento Galileo había escrito: “estoy en vuestras manos; haced conmigo lo que os plazca”.

Al final del juicio, Galileo agradeció a los diez cardenales —tres de los cuales habían votado a favor de su absolución— porque consideró que la pena había sido moderada.

En ese año de 1981 se constituyó una comisión, coordinada por el Card. Poupard:

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Que trabajó en los aspectos exegético-cultural, científico-epistemológico, histórico y jurídico.

Presentó sus conclusiones tras 11 años de trabajo el 31 de octubre de 1992, en una nueva reunión plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, con motivo del 350 aniversario de la muerte de Galileo.

Ese día Juan Pablo II hizo un balance de resultados de dichos estudios y consideró que en el centro del debate a Galileo había dos cuestiones: la interpretación de la Biblia y la pastoral.

Sobre la interpretación de la Biblia, dijo Juan Pablo II:

“De esa forma, la nueva ciencia, con sus métodos y la libertad de investigación que suponían, obligaba a los teólogos a interrogarse acerca de sus propios criterios de interpretación de la Escritura. La mayoría no supo hacerlo. Paradójicamente, Galileo, creyente sincero, se mostró en este punto más perspicaz que sus adversarios teólogos.

Galileo Galilei le había escrito a si discípulo Benedetto Castelli del 21 de diciembre de 1613:

“Aunque la Escritura no puede errar con todo podría a veces errar, de varias maneras, alguno de sus intérpretes y expositores”

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En el discurso de 1992, el Papa Juan Pablo II adujo:

Desde los comienzos de la época de la Ilustración hasta nuestros días, el caso de
Galileo ha constituido una especie de «mito», en torno al cual la imagen fabricada de
los acontecimientos se ha alejado bastante de la realidad. En esta perspectiva, el caso
de Galileo fue un símbolo del supuesto rechazo, por parte de la Iglesia católica, del
progreso científico, o bien del «oscurantismo» dogmático opuesto a la libre
búsqueda de la verdad.(…)El error de los teólogos de la época al defender la centralidad de la Tierra residió en pensar que nuestra comprensión de la estructura física del mundo nos venía impuesta, en cierto modo, por el sentido literal de las Sagradas Escrituras.
.

El día 26 Agosto del 2003, Mons. Angelo Amato, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

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Reveló que, de acuerdo a documentos recientemente descubiertos.

Galileo Galilei nunca fue perseguido o torturado por el Vaticano por afirmar que la tierra giraba alrededor del sol.

Mons. Amato señaló que una carta recientemente descubierta en los archivos vaticanos, enviada por el Comisionado del Santo Oficio al Cardenal Francesco Barberini en 1633.

Fotografía de Francesco Barberini:

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En la carta se señalaba el deseo expreso del Papa de que el juicio a Galileo concluyera rápidamente en consideración a su frágil salud.

”La idea de que Galileo fue encarcelado e incluso torturado para que abjure de su tesis no fue más que una leyenda transmitida por una falsa iconografía”, agregó el Arzobispo.

Además de recordar que a Galileo se le juzgó no por su tesis científica, sino por decir que la Biblia estaba equivocada al hablar de que “se detuvo el sol” –cuando la que se detuvo fue la tierra.

El Arzobispo también reveló que en 1610, Galileo publicó su obra Sidereus Nuncius, donde planteaba su teoría y recibió el respaldo no sólo del gran astrónomo Johannes Kepler, sino también del jesuita Clavius, autor del calendario gregoriano, que hoy rige al mundo occidental.

Dijo Benedicto XVI que con Galileo, “la ciencia se convertía en algo distinto de como los antiguos la habían pensado siempre… El método deductivo cedía el paso al inductivo y abría el camino a la experimentación. El concepto de ciencia que había durado siglos ahora se modificaba, emprendiendo el camino hacia una concepción moderna del mundo y del hombre. Galileo se había adentrado en las sendas desconocidas del universo; abría la puerta para observar espacios cada vez más inmensos” (Mensaje al Congreso sobre el tema “Del telescopio de Galileo a la cosmología evolutiva”, 26 de noviembre de 2009).

Fotografía de  Benedicto XVI

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Los últimos años Galileo Galilei los paso rodeado de sus dos discipulos Viviani y Torricelli hablando de ciencia.

La mayoría de sus descubrimientos, los hizo Galileo Galilei en el observatorio astronómico de Padova conocido como  “La Specola”.

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Su muerte acaeció el día 8 de enero de 1642.

La tumba de Galileo Galilei, se puede visitar en la Santa Croce de Florencia, pudiendo darle un último adiós, cualquier visitante que pase por esta mágica ciudad.

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Qué es lo que tenemos?

Hay que considerar el contexto:

Galileo, anciano, enfermo, asustado, tal vez se desdijo por miedo a ser condenado a muerte.

Galileo nunca fue torturado ni fue quemado como muchas veces se afirma.

Los biógrafos afirman que no lo encerraron en un calabozo y que tampoco lo torturaron, pero sí que le mostraron los instrumentos usados para la tortura. 

La Iglesia trató a Galileo como una celebridad.

Cuando fue citado por la Inquisición, se lo albergó en la gran Villa Medici de Roma.

Asistió a recepciones con el Papa y los cardenales más destacados.

Aún después de haber sido condenado, se le permitió que visitara a sus hijas a un convento cercano y que continuara publicando trabajos científicos.

El científico murió de muerte natural el miércoles 8 de enero de 1642, en su casa, una villa en Arcetri, en las afueras de Florencia.

Esta ocurrió diez años después del juicio, en 1642, y la Inquisición no permitió un funeral público.

Galileo finalmente nunca pasó un día en prisión.

Galileo fue probablemente el primer físico en comprobar sus hipótesis mediante experimentos

Ya los primeros hombres inteligentes pudieron deducir que la tierra sobre la cual vivían seria esférica.

No necesariamente alguien descubrió la redondez de la tierra, puesto que por analogía observando el cielo lo sabían.

El Sol es redondo, la luna es redonda, por deducían que la Tierra era redonda.

Anaximandro, uno de los filósofos de la escuela de Mileto (para los que no saben mucho de filosofía, uno de los primeros filósofos) del siglo VII a.C., ya planteó la posibilidad de una Tierra con forma curva.

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Pitágoras y Parménides, en el siglo VI a.C.,  ya plantean una Tierra esférica, pero no hay constancia.

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La primera persona en plantear la Tierra como una esfera es Aristóteles, que lo demostró gracias a los eclipses y a la diferente posición de las estrellas según el lugar de observación; su teoría se consideró correcta en Grecia.

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La primera persona que pudo medir la Tierra fue Eratóstenes, que en el siglo II a.C. mediante un estudio de las sombras proyectadas en Egipto calculo el perímetro de la Tierra con un error del 3%.

Las únicas herramientas de Eratóstenes fueron palos, ojos, pies y cerebro, y además el gusto por la experimentación.

Con estos elementos dedujo la circunferencia de la Tierra con un error bastante pequeño, lo que constituye un logro notable para el año en que tuvo lugar.

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De tal manera que es una insensatez que ahora propongan que la tierra en realidad es plana con varias dimensiones cuando se esta viendo y fotografiando que el Planeta Tierra es redondo.

El supuesto conflicto entre ciencia y religión proviene, sin excepciones, de ideologías que se presentan arbitrariamente como conclusiones científicas, cuando en realidad no lo son.

Sin duda, ésta era la convicción de Galileo, y la de tantos otros científicos que han hecho posible el progreso de la ciencia actual.

La Iglesia se equivocó al condenar a Galileo por herejía: Galileo no fue acusado de hereje ni condenado por tal motivo.

Se lo acusó de enseñar heliocentrismo violando específicamente su promesa de no hacerlo.

por sostener como verdadera una falsa doctrina enseñada por muchos, a saber: que el Sol está inmóvil en el centro del mundo y que la Tierra se mueve”

Este fue el cargo por el que se declaró la culpabilidad de Galileo.

Había asegurado al Cardenal Bellarmine que dada la sensibilidad del tema, no promovería públicamente el heliocentrismo.

Sin embargo, cuando se designó a un nuevo Papa, Galileo decidió faltar a su palabra.

Cuando le preguntaron sobre esto en el juicio, dijo que su obra Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo no abogaba por el heliocentrismo.

Esta es una mentira categórica, como pueden verlo claramente quienes lean el libro de Galileo.

Incluso les resultaba difícil a quienes respaldaban a Galileo, y había muchos, que lo defendían en este punto.

Galileo tenía razón acerca del heliocentrismo.

La Iglesia no debería haberlo juzgado, aunque la conducta imprudente de Galileo contribuyó con su suerte.

Aún así, su suerte no fue tan terrible y pudo reír al último.

El historiador Gary Ferngren llegó a la conclusión de que:

“se ha demostrado que la imagen tradicional de Galileo como un mártir de la libertad intelectual y como una víctima de la oposición de la Iglesia a la ciencia fue algo más que una caricatura”.

Pero al fin y al cabo lo que desató la condena fue la publicación de “Diálogo sobre los principales sistemas del mundo” en el que el personaje que defendía el modelo geocéntrico se llamaba Simplicio.

Eso desató las iras de los capitosos de la Iglesia que apoyaban el modelo geocéntrico.

Y desembocó en su condena.

IMAGINATE se dice que Galileo tuvo mucho éxito entre los Cardenales romanos, porque todos querían mirar al espacio con su famoso telescopio.

MISTERIO RESUELTO 0013.

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